Entrevista realizada por Mª Angeles Arazo y publicada en la decada de los sesenta

PEPE DASI, AGRICULTOR ARROCERO
<<Que no me vengan con la idea de derribar esta casa para hacer apartamentos.¿Qué es esp de vivir en alto, en un piso? Yo quiero tener mi pozo, mi patio y mi cambra. Se acabo>>
<<Conocí a blasco Ibañez cuando yo era pequeño. Bonito será esto, porque él venía a tomar apuntes, a charlar con la gente. "Cañas y barro" me la se de memoria. A veces la piel se me ponía de gallina, al leerla.>>
<<No me da reparos entrar descalzo a los campos. Los mosquitos ni se notan; lo que te hace dar un salto es la "fotimaña". La "sangonera" no escuece mucho, pero empieza a caer un reguerito de sangre.>>
<<El agua hace su recorrido: del rio, al canal; del canal, a los campos, y una vez segado el arroz, se saca el canal, que la lleva a la Albufera, y de allí, al mar.>>

    Es bajo, de corpachón fuerte. Sus ojos se esconden al reir como protegidos por las cejas, pobladas y negras. La cara tiene surcos marcados y a pesar de su rudeza, cuando habla del pueblo, de los campos, o de su niñez, refleja una expresión emotiva, melancólica.
    -El Saler ya no es el Saler. No quedan casi barracas, que eran nuestro orgullo. Mi padre, cuando vino de Cuba, lo primero que hizo fue mercar una. Todos le llamaron el Cubano, porque se había pasado allá 4 años y 42 días. Mi padre nos contaba muchas historias. Saliendo al mundo se aprende mucho, pero mire, yo no quiero salir. Ayer estuve en Valencia y me enfadé; si no te coje un coche por la derecha, te coje por la izquierda... ¡qué mareo! Ya no vuelvo más.
    Habla muy aprisa y acciona con sus manos morenas, de uñas chatas.
    -Por los que le conté, a mi me conocen como Pepe, el hijo del Cubano, o Pepe, el Nabero, que esto viene de mi abuelo.
    Estamos en el patio de su casa, encalado lleno de plantas. La cocina está adornada con azulejos antiguos y con muchos jarros de cerámica popular. A la entrada del dormitorio, junto al Ave-María de escayola, hay dos manojos de espigas de arroz.
    Pepe, el Nabero, colocó su silla al sol. Tiene las manos apoyadas sobre las rodillas, el cuerpo inclinado hacia adelante.
    -Esto es un rincón lleno de paz. Y que no me vengan con las idea de deribar esta casa para hacer apartamentos. A mis chicos les he dicho muchas veces: "Cuando yo me muera, haced lo que os dé la gana, pero mientras viva quiero que siga todo como está". ¿Qué es eso de vivir en alto, en un piso? Yo quiero tener mi pozo, mi patio y mi cambra. Se acabó.

LAS CAMISAS DE BLASCO
    Levanta la cabeza y guiña sus ojos.
    -Bonito será esto, cuando un escritor como Blasco Ibañez venía a inspirarse, a tomar apuntes, a charlar con la gente. Yo era pequeño. Los chiquillos le seguíamos; como si lo viera, con su bigote, con su traje blanco, con una camisa que a todos nos llamaba la atención, porque se sacaba el cuello por fuera. ¿Usted ha leído "Cañas y barro"? Yo me la sé de memoria; la terminaba y la volvía a empezar. A veces la piel se me ponía de gallina. Menos mal que escribió ese libro, porque cualquier día le dan un cambiazo a la Albufera, se mueren los viejos, y ya nadie puede contar cómo era. Los hijos ya no piensan igual; y los nietos menos. El tiempo, el tiempo...
    Recuerda su infancia. Las noches que iba con los amiguitos a poner un farol en las charcas o en la orilla del canal, para engañar a las ranas, que dejaban de croar y se quedaban quietas delante del carburero, como si hubiera caído la luna en su pequeño mundo de agua y fango.
   - La sopa de rana estaba muy buena. Los médicos, cuando el enfermo empezaba a reponerse, mandaban caldo de ancas.
   También evoca las noches del verano, cuando hacían hogeras para ahuyentar los mosquitos y los niños paseaban las sandías con una vela encendida:

"El sereno tiene un perro
que le llaman "Capitan,
y a las doce de la noche
se ha comido todo el pan".

    -Claro que el ser niño duraba poco; enseguida te ponían a trabajar. Ayudábamos a sacar el barro de los canales para transportarlo a los campos. Era muy pesado. ¡Y no hablemos de la entabladera! Por el cuello pasaba la soga que la arrastraba, ¿me entiende? Ibamos tirando; la cuerda estaba cogida a la entabladera, y arriba ponían peso para que presionase la tierra, para que los hierros se hundieran bien y deshiciesen los terrones. Ahora se emplean tractores o caballerías.

EL ROCIO DEL AMANECER
    Su arrozal esta en la partida del "Abre del Gos". Lo vigila todo el año. Ama a la tierra como a una criatura.
    -Me gusta ver el campo muy tempranito, cuando tiene el rocío del amanecer. Hay un dicho nuestro que tioene toda la razón del mundo: "Al arroz hay que verlo de mañana, y a la novia, por la tarde"; porque la mujer, ya se sabe, se arregla cuando termina con la casa.
    Se ríe gozoso
    -Los mosquitos no pican; vamos que casi ni se entgera uno; lo que te hace dar un salto es la "fotimaña"; la "sangonera" no escuece mucho, pero empieza a caer un rueguerito de sangre que no para. De todas formas, a mi no me da reparos el descalzarme y andar por los campos; se arremanga uno bien el pantalón y a plantar matitas; tres o cuatro "brincas", porque después con la "refillola", que quiere decir la cría, se convierten en ocho o diez. En agosto, cuando espiga, da gloria ver los campos; son del color del oro apenas llega septiembre.
    La boina la lleva calada hasta media frente, es azul marino como el jersey.
    -¿Los precios de antes y de ahora?. Que yo recuerde, cuando tenía 17 o 18 años, a mi padre le daban 22 ptas por 100 k de arroz; ahora lo pagan a 7'50 y 8 ptas kilo. Además del arroz cultivo un poco de huerta: tomates, melones, verduras... El campo está frente al Recatí, y tampoco quiero venderlo. No ambiciono dinero -me mira con la felicidad prendida en sus ojos-; ambiciono esto: la casa y la tierra. Y me duele despedirme de cosas. Las velas ya no se usan, ¿verdad?, pues yo no tiré las de mi barca; las tengo en la cambra.
     A la barca le puso un motor y durante el verano la dedica a los turistas.
    -Los paseos por el canal y la Albufera, ¡y me sacan una de fotografias! He recorrido todo el mundo sin salir de aquí, porque se me llevan en el carrete.
    Se frota las manos. Habla con satisfacción.
    -No me puedo quejar por que mis hijos, el chico y la chica van adelante. Ese bar que da a la carretera es nuestro: Casa Pepe. Inés, mi mujer, guisa las paellas. Yo le digo: "Ya has trabajado bastante, déjalo", pero nome hace caso, "¿Tú no vas al campo?, me pregunta."Pues yo a la cocina". Bien; los dos seguimos con lo nuestro. Toda la vida juntos, ¿sabe? ella nació en la casa que lindaba con la mía. Jugamos en la calle y fuimos a la misma escuela. Después, novios, y al altar. La vida. El 16 de Enero cumplí 66 años. Comimos toda la familia juntos; luego me dieron un beso cada uno ,y yo tan contento.
    Le acompañamos a los arrozales. A su lado corretea "León" un perro cariñoso, blanco y canela.
    -El agua hace su recorrido; del río al canal; del canal a los campos; y una vez se segó el arroz, el agua se saca al canal que la lleva a la Albufera, y de allí al mar.
    La duda y la ironía andan pareja en su voz.
    -Supongo que sí que sabrán que después de la siega el arroz pasa a las trilladoras; luego se seca al sol y al aire para acabar en el molino, donde le quitan la cáscara.
    "León" salta juguetón.
    - Es muy bueno, de los que cazan ratas; pero él no lo hace porque no tiene hambre; mal me sabría que la pasara.
    Sus dedos señalan unas fincas modernas con varias plantas.
    -Antes eran barracas, El Saler ya no es El Saler.
    Se nublo la mañana y el aire huele a barro, a agua, a charco.

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